viernes, 31 de octubre de 2008

COLOMBIA ENTRE BALAS, LUJURIA Y SANGRE

La violencia en la que esté recubierto el país no es de ahora, sus orígenes vienen desde la época de la conquista, cuando entre compatriotas se mataban por tener el control del país. Pero no eran los adinerados quienes se tiraban a la guerra, por el contrario, aquellos trabajadores, quienes mantenían a punta de sudor y lagrimas a sus familias, eran quienes se mataban en nombre de un poder político que lo único que les aseguraba era la guerra.

En conclusión, la violencia en Colombia comienza en los sectores de mayor vulnerabilidad del país, las clases socioeconómicas más bajas, en el pueblo pueblo. Y es allí donde los políticos comienzan a planear la paz para el país, allí nacen los Acuerdos de Paz entre las guerrillas que defienden sus convicciones a capa y espada y entre gobiernos que mantienen los ojos vendados ante la realidad que aqueja a aquellos que no nacieron en cunas de oro y que han vivido en carne propia el conflicto interno colombiano. Aquellas personas que han tenido que dormir entre balas, llanto y sangre. Mientras los políticos idean las estrategias que llevan a conseguir la mal llamada paz para el país.

Pero, ¿cuando llegara la paz?. Cuando se pase a segundo plano la desmovilización y la entrega de armas por parte de los insurgentes, y se encuentre la solución a los problemas sociales, económicos y políticos del país. Ya que la paz vendrá no con acuerdos entre el gobierno con los guerrilleros ni paramilitares, sino cuando la gente tenga las garantías necesarias para vivir según reza la Constitución Política de 1991: tenga derecho a la alimentación, al empleo, a la vida, a vivir en una casa de manera digan, y sobretodo cuando tenga oportunidad para pensar distinto y expresar lo que siente.

Pero para encontrar el fondo del asunto, es necesario darle una jerarquía a la violencia y revisar los hechos históricos generados a través de la experiencia, como por ejemplo el Bogotazo y las acciones que se generaron a partir del asesinato de Gaitan, no solo en Bogotá, sino en todo el territorio colombiano.

Es cierto que los medios de comunicación hacen parte de esta historia y de la gran oleada de violencia que Colombia ha tenido, pero son medios que han sido perneados por aquellos que no quieren que la verdad sea contada y que permanezcan en la impunidad acontecimientos de dolor y sufrimiento para Colombia.

Colombia como país ofrece un nuevo modelo de vida para sus ciudadanos, el de la violencia, pues es difícil ocultar una historia de dolor, una historia de guerras, una historia entre balas, deshonestidad y una cuantiosa cantidad de sangre derramada, sangre de inocentes, de guerrilleros y de soldados que intentan “recobrar la esperanza” del pueblo.

Pero el país del Sagrado Corazón de Jesús y María no ha sido benevolente con éstos dos personajes, y mil parches ha tenido que colocarles cada individuo que hace parte de éste país, pues de la guerra con armas se ha pasado a la guerra con palabras y golpes, entre familias y una nueva palabra para el basto diccionario colombiano se ha creado: Violencia Intrafamiliar, que genera la violencia social y cada vez más la intolerancia entre compatriotas.

¿Y dónde está la salida?, en encontrar dónde comenzó todo, y no parchar, ni reparar, sino reconstruir la identidad de un país que vive en llamas, al borde del colapso. Que termine de destruir la moral de aquellos que queremos ver una Colombia valerosa, aquella Colombia que gracias a unos cuantos compatriotas ha sido muy representada en el exterior, una Colombia berraca de gente pujante y trabajadora, una Colombia orgullosa de sí misma que no le de miedo mostrarse al mundo tal y como es. Una Colombia donde las balas se cambien por un abrazo y un te quiero, la lujuria se acabe y prime la honestidad y la justicia. Y donde los ríos sean de agua y no de sangre y se pueda respirar tranquilo sin temor a ser la siguiente victima de cualquiera de los males que aquejan al país.

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