viernes, 17 de octubre de 2008

Guillermo Descalzi “El jinete de la vida”

Pocos en el mundo pueden contar su historia de vida después estar en el cielo y caído en el infierno y haber podido escaparse de él. Una de estas historias de vida es la de Guillermo Descalzi, un peruano de 48 años que encontró el “sueño americano” como periodista a comienzos de 1986.

Escudriñar como comienza su vida en Estados Unidos. Su inicio en los medios de comunicación estadounidenses. Su paso por el “bajo mundo” del alcohol y de la droga. La caída sin freno luego de tener de todo para llegar a ser un “don nadie” con un nombre famoso entre sus compañeros indigentes, quienes lo respetaban por lo que alguna vez fue.

Hay tantas cosas que contar, porque gracias al buen corazón de uno de sus colegas, Pedro Sevcec, y al grupo de trabajo de éste, en la Cadena Telemundo, lograron recuperarlo a la vida para que vuelva a ser el protagonista de las noticias de la Casa Blanca en Washington.

Guillermo Descalzi, es para muchos un fulano cualquiera. Es más, ni existe dentro del mundo. Pero por las cosas del destino, él es un periodista, un trabajador de la noticia que logra transformar el pensamiento de la vida de un momento a otro y que lo pone a uno a analizar su situación. Su historia toca el bajo mundo. Y muy bajo. Tanto que es increíble ver, y casi palpar, como se puede caer del cielo al purgatorio en solo un abrir y cerrar de ojos.

Una cinta de video tipo VHS usada para analizar una historia, un salón casi oscuro que permite que esté todo en calma, unos pupitres ubicados al azar, un televisor encima del aparato de VHS y éstos dentro de un estante. El profesor de la materia explica la temática de la cinta y un grupo de casi 22 personas nos reunimos para mirar atentos, aunque no todos, un documento al cual debíamos ponerle mucha atención para ganarnos una nota.

La función empieza. Todos buscan el mejor sitio para ver la cinta. Los segundos de la misma empiezan a correr: uno, dos, tres... El silencio al fin se apodera del salón y el televisor es quien se roba la atención. En la pantalla, una foto de un hombre barbudo con mirada lúgubre, como si hubiera perdido el horizonte hace ya mucho tiempo, el zoom de una cámara se aleja de la imagen y un hombre, de espaladas da media vuelta rápidamente y da inicio a una historia con las siguientes palabras:

“Generalmente este programa muestra las historias de nuestros reporteros, pero hoy tenemos un caso muy especial. Se trata de una historia del canal Telemundo, hecha por Pedro Sevcec acerca de Guillermo Descalzi, aquel colega que de un momento a otro desapareció de los medios. Aquí esta la primera parte”.

De inmediato, se da inicio a una historia la cual me parecía tediosa verla y escucharla, pues las imágenes mostraban a un tipo de corbata y traje de paño cortado a su medida, que cumplía la función de reportero de la casa presidencial de los Estados Unidos de América, La Casa Blanca. Un tipo que era aclamado en la comunidad latina y en la empresa en la que laboraba por sus informes de este sitio y por ser corresponsal de guerra, su nombre, Guillermo Descalzi.

Y la historia se transformó. Paso la raya del tedio para empezar a cautivar la atención de los presentes. Aquel personaje que vestía traje a su medida, había desaparecido de los medios de comunicación por dos años y reapareció con ropa harapienta entre las ruinas de una casona, en el centro de New York.

Todo gracias a Pedro Sevcec. Él se arriesgó a ser rechazado por Descalzi, únicamente para recoger el testimonio de aquel hombre al que la vida le cambió de forma total por la falta de voluntad y para afrontarla y decidirse por el camino fácil, la evasión de la realidad.

En un pequeño espacio de aquella casona, con una lámpara ubicada al lado derecho de la pantalla y que enfocaba el perfil del rostro de Descalzi. Él tenía el cabello largo y la barba poblada, un pañolón sobre su cuello, la mirada hacia el suelo sin parpadear, sostenía entre los dedos un cigarrillo que llevaba a la boca cada vez que Sevcec le formulaba una pregunta y meditaba la respuesta.

Aquel hombre que alguna vez lo tuvo todo luego de dejar su tierra y su empleo en el Perú. Su capricho era ser periodista. Para eso sobrevivía en las calles de California vendiendo anillos que hacía con alambre y un alicate. Logró alcanzar su sueño: llegó a ser un gran periodista.

En esta ocasión estaba otra vez en la calle. Ya no elaboraba esa artesanía con la que sobrevivió por tres años. Ahora era un indigente más en medio de la basura y vivía de mendigar monedas en las calles angelinas.

- Guillermo, ¿qué te pasó?, -pregunta Sevcec-, -A mi no me pasó nada, mi vida cambió y los cambios son repentinos, -respondió Guillermo Descalzi-, - siempre he vivido con los límites y fuera de ellos, por eso soy un reportero de guerra, digo que soy porque así me siento- replicó.

La entrevista continúa entre Sevcec y Descalzi, aquel sujeto de voz aguda, quien relata sus vivencias como periodista y como mendigo y por qué llego a ese punto en su vida, dándole un giro de 180º a su mundo. De repente, en el éxtasis del diálogo, se genera una pausa de medio minuto, las reflexiones comienzan a generarse en mi cabeza, se retoma el diálogo de Pedro Sevcec y Guillermo Descalzi. El nuevo indigente es muy elocuente en lo que dice y parece que estuviera en estado de demencia por las cosas que salen de su boca. Es como si aquel hombre que un día estuvo en las puertas de la Casa Blanca entregado a las noticias más sobresalientes del gobierno estadounidense, se hubiera acabado.

Como si de la nada y por efectos del alcohol y de las drogas otro sujeto poseyera el cuerpo del corresponsal de guerra. Parece que vive en una esfera de reflexiones, dentro de las cuales afirma que “la vida es una carrera de caballos, siendo nosotros los jinetes que nos esforzamos para mantener en línea de carrera a nuestro equino y alcanzar la meta, mi caballo se desbocó y es difícil criarlo por las actitudes que he tomado en mi vida”

Por otra parte, Descalzi dice “Dios es todo, y si es todo no es nada, en especial por serlo todo”, una frase un poco loca y disparatada, pero dice un viejo adagio “todos tenemos un poco de locos, y los locos tienen mucho de sensatos” y Guillermo tiene mucho de las dos, pues por un momento hasta enfado me producía escuchar a este personaje, pero lo mejor era eso, escucharlo, oír cada palabra de un antropólogo dedicado al periodismo, que en medio de la pobreza absoluta razonaba mejor que cualquier ejecutivo de Wall Street.

-¿Quieres salir de esta situación? ¿Quieres volver?- -le pregunta Pedro Sevcec luego que Descalzi, con mirada confundida analizaba cada frase que había dicho durante el diálogo con su colega, y se limita a contestar “me doy cuenta de la contradicción de mi mensaje con mi vida, y me doy cuenta que debo cambiar” y con la mano sobre un libro, no estoy seguro si era la Biblia, pero como cualquier testigo en un estrado jura decir la verdad y nada más que la verdad, Guillermo aceptó la ayuda que desinteresadamente Pedro Sevcec le ofrece. El video tiene que hacer otra pausa.

Otro medio minuto, se retoma el video y la historia denominada “La Resurrección de un Periodista”, esta vez el escenario cambia, ya no es el lúgubre cuarto donde habitaba Guillermo, ahora es la calle la testigo del documental de vida de este reportero. Recuerda las veces que le pegaron por robarlo, o cuando querían agredirlo dentro de su refugio y las trampas que construyó dentro de esa casona, esas le sirvieron para guardarlo de los rufianes.

“Vivo mi vida como un poema, y este estado en una estrofa de mi poema” “Sigo siendo reportero porque siempre digo la verdad”, palabras dichas mientras los sujetos se burlan del estado de Descalzi, quien ha abandonado sus andrajosas vestimentas, ahora viste con un chaquetón gris, una camisa azul sobre la cual lleva un buso blanco, pantalón jean azul y botas color café. Atrás han quedado las prendas que durante dos interminables años lo acompañaron de día y de noche, al sol, al agua y a la nieve.

El hipódromo esta otra vez a disposición de Guillermo Descalzi. Él en el National Discovery Institute de California, prepara su caballo para retomar el campeonato, y luego de la lesión que su equino sufrió, está dispuesto a volver al ruedo, el público lo espera con ansias. Guillermo quiere regresar por la puerta grande, la que un día se le abrió gracias a Enrique Grants, su mentor en el periodismo. Otra pausa en el video crea más y más suspenso.

Al fin, en un set pequeño de televisión, en el programa de Pedro Sevcec, el cuál lleva su nombre. Ruedan imágenes del trabajo de campo que el presentador realizó con Guillermo Descalzi, le dan paso a Sevcec, quien con orgullo presenta nuevamente al mundo al jinete de la vida, a Guillermo Descalzi. A un lado ha quedado la barba poblada y el cabello largo. Su mirada irradia sentimientos ocultos, tal vez por el escenario en el cual la historia se había desarrollado.

Ahora, aquel peruano de 48 años, estaba preparado para largar con su caballo. Ya podía dominarlos. La palabra gracias brotaba de su boca a chorros, una y mil veces. La alegría le tapó el rostro. El traje de paño, a su medida, con camisa a rayas oscuras y corbata negra de pecas claras se tomaban otra vez el demacrado cuerpo de Descalzi, que aún no podía creer que estaba nuevamente en su mundo, el del periodismo y el reportaje. Salió de ese estado para volver con ganas de demostrar quién realmente era y por qué lo era.

Amigos de él se acercan al set a saludarlo. Entre ellos, presentadores de Telemundo Noticias y su amigo del alma, Enrique Grants, su mentor. Aquel que le ayudó a ingresar al fantástico mundo de los medios de comunicación y que en esa oportunidad volvería a ofrecerle empleo a su lado. Para no creer. Es de locos dirían los argentinos. Pero Guillermo, luego de haber afrontado las verdes y las maduras en su vida, ese día cabalgaba de una manera tan singular que todo lo que a su alrededor acontecía era bueno para su vida.

Las apuestas en el hipódromo estaban a su favor. El jinete (Descalzi) no podía defraudar y a la largada que dio Pedro Sevcec preguntándole “¿estas listo y aceptas este nuevo reto en tu vida?”, sin parpadear ni ocultar su alegría por lo que pasaba, Descalzi abrazó a Grants, contestó ¡Lo Acepto!

1 comentario:

Augusto Ellacuriaga dijo...

¡Realmente me encanto el articulo!

Recuerdo muy bien ver ese documental y jamas pude borrar de mis memorias las imagenes que corrian frente a mi.

Esta noche estuve buscando informacion sobre la entrevista de Sevcec a Descalzi para compartirla con unos colegas, y me encontre con ese buen resumen.

¿Sabes donde podria encontrar una copia digital de esa entrevista?

Gracias por adelantado.