jueves, 23 de octubre de 2008

¿SORPRESA O REALIDAD?

En Colombia existen infinidad de remoquetes para sus ciudades, como “la ciudad de los Parques” para Bucaramanga, “La capital de la Montaña” y “La Ciudad de la Eterna Primavera” para la bella Medellín, o que tal del “Corralito de Piedra” y “La Heroica” para Cartagena o “La Sucursal del Cielo” para la rimbombante Cali, y podría llenar muchos párrafos con las ciudades colombianas y sus apelativos. Pero cabe resaltar que nosotros los pastusos tenemos el mejor mote de todos para nuestra ciudad, pues a San Juan de Pasto, capital del departamento de Nariño, se la conoce a nivel nacional como la “La Ciudad Sorpresa” .

Nuestro municipio está ubicado en el Valle de Atriz, es una ciudad pequeña, que apenas y sobrepasa los 800mil habitantes, pero que a diario se incrementan por el problema más grande del país: el desplazamiento armado.

Tenemos el privilegio de vivir en “La Ciudad Sorpresa” y por ello debemos sentirnos orgullosos. Y valla sorpresas que alberga este municipio que posee un guardián natural el cuál genera uno que otro sobresalto entre los ciudadanos pastusos. Me refiero al Volcán Galeras, aquel león dormido que de vez en mes ruge, pero que hasta el día de hoy no ha abierto sus feroces fauces para herir a los pastusos y a las demás regiones que colindan con él.

También existen sorpresas dentro de la ciudad, pues de ser un caserío en la época de la colonia, hoy es una ciudad que ha progresado, y no gracias a sus dirigentes, sino a poderes externos ó privados, poderes económicos que vienen desde otras regiones a “generar empleo” y crear empresa invirtiendo en nuestra región brindando opciones de empleo, no sólo en Pasto, sino en muchas regiones de Nariño.

Pero la mayor sorpresa que he observado en mi corta pero sustanciosa edad es la falta de cultura de nuestra gente, y digo nuestra porque a mi Pasto me duele por ser mi cuidad y quiero lo mejor para ella, quiero que sea respetada por extraños y sobretodo por lo propios habitantes del municipio que se han encargado, no todos, de generar un ambiente hostil para quienes deseamos demostrar cultura por y para la ciudad, no solo en Carnavales de Negros y Blancos cuando la ciudad se colma de turistas de todas las partes del mundo que quieren conocer de las sorpresas que Pasto aloja.

La Plaza Mayor de la ciudad, La Plaza de Nariño, que alguna vez fue parque con árboles y zonas verdes a sus alrededores, es el hogar de cientos de pastusos que a diario pisan los adoquines que reemplazaron los verdes del parque. Muchos de esos pastusos ya son adultos, que se sientan en las bancas instaladas alrededor del monumento al Gral. Antonio Nariño, ¿a qué?... a hacer nada, a amargarse el día y amargárselo a cualquiera, claro está, existen las excepciones, pero yo no las pude encontrar.

Es difícil intentar lidiar con estas personas con quienes puedes ser muy amable, pero que te van a responder con un puñal si es posible. O puedes toparte con un personaje que no tenga problemas en escucharte y responderte cualquier inquietud. Y en este medio del periodismo tienes que ver las dos caras de la moneda y rogar, no se a quien, que la persona que eliges para entablar una conversación amena sea alguien que se preste para hacerlo y no te ponga peros ni trabas en tu ejercicio profesional.

Mis compañeros de trabajo y yo, tuvimos que enfrentarnos a los más duros personajes, aquellos que te manda a comer nada bueno, y los rangos de edad no importaron, sean jóvenes, adultos o ancianos, todos los pastusos a quienes intentamos abordar para que nos cuenten cómo ellos han visto la evolución de la ciudad, nos dieron la sorpresa que eran personas cerradas a quienes les cuesta socializar con los demás. Y me pregunto ¿qué tal si hubiésemos sido de otra región del país? ¿qué imagen nos llevaríamos para contar en nuestra tierra?.

Las respuestas serían eternas y ninguna favorable para la ciudad. Al contrario, Pasto quedaría como una ciudad sin cultura y como los “trogloditas” del paseo, aquellos de los que se mofan los costeños o los rolos o los paisas, ¡porque como no decimos nada y nos tragamos nuestras amarguras!. Como muchos prefieren vivir dentro de esferas que no permiten que se arrime ni la mugre!

Esto es una sorpresa dentro de un país en conflicto, o es la realidad a la que todas las ciudades del país se enfrentan, y peor aún con aquellos que vivieron muchos acontecimientos de la época de la violencia en Colombia. Por lo mismo pienso que deberían salir de esas esferas y compartir sus historias de vida y sus anécdotas con quienes nos interesa empaparnos de esa historia patria.

Yo, desde la profesión que comienzo a ejercer, le digo a aquellos ancianos que van a matar sus amarguras sentados en las bancas de la Plaza de Nariño, cogiéndose la cara para que nos se les caiga o acabe de arrugar, porque me imagino que no tienen nada útil o mejor que hacer, y ya que prefieren pasar más de ocho horas todos los días al sol y al agua los doce meses del año, que se brinden a la comunidad puesto que ellos guardan la historia de la ciudad dentro de cada uno ya que han vivido 60, 70 y por qué no 80 años, en los cuales para este municipio han pasado miles de acontecimientos, buenos, malos y regulares, pero al fin y al cabo que generan el interés de las nuevas generaciones de conocer sobre el Pasto viejo, no a través de un libro, sino con una enciclopedia de carne y hueso como lo son ellos y como lo seremos algún día nosotros, si es que antes esta ciudad no nos da una sorpresa de magnitudes enormes.

Es difícil pero no imposible conseguir que una ciudad sin cultura, como la nuestra en las generaciones antiguas, la pueda tener en un futuro cercano. Todo depende de la voluntad del gobierno local y de los habitantes por hacerlo y por querer mostrar el verdadero rostro de una metrópoli en surgimiento con ganas de ser explorada y con potencial para hacerlo, para redescubrir a aquel pueblo pujante que alguna vez batalló en contra de la campaña libertadora.

Es hora que Pasto sea en verdad sorpresa para Colombia y que no sea la misma de siempre, la del pensamiento que nuestra ciudad es aún un caserío con casas de adobe y entejadas. Y ya sabemos el cuento cuando los extraños se dan cuenta que no es así. O que dejemos de lado al Deportivo Pasto, que hace mucho tiempo dejó de ser sorpresa, o aún extraña su título en 2006?, con las campañas posteriores parece que sí; pero su constancia en el fútbol colombiano de primera A ya no es raro.

Tampoco es raro hablar del Galeras y su actividad, más sorpresa es saber que nuestra ciudad es exportadora de gente intelectual y para muchos es sorpresa conocer a un pastuso pues nunca se le arruga a nada. Por ello me cuesta entender las actitudes que toman las personas que referencié antes, pero qué le hacemos en el país del Sagrado Corazón de Jesús y María, todo puede pasar, hasta en la ciudad de la Virgen de las Mercedes, nuestra patrona.

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