martes, 25 de noviembre de 2008

VOCES DE LA NOCHE

Cabalgando en mi caballo en altas horas de la noche, escuché melancólicos cantares en la voz aguda, pero encantadora de una mujer. Esa voz logró atraparme y a cada paso que daba mi caballo, la voz se escuchaba más y más cerca; de pronto todo se silenció y las herraduras de los cascos del caballo eran las únicas que hacia algún tipo de sonido en la noche, que por cierto, era estrellada pero sin luna.

Al día siguiente, en mi mente se reproducía la hermosa voz y su dulce cantar, parecía un encantamiento total de mi ser. Miguel, mi hermano, se acercó hacia mí y tímidamente me dijo: -¿Y a ti qué demonios te ocurre, acaso no te das cuenta que ya es muy tarde y el trabajo no espera? – pero era mayor y más intenso el canto en mi cabeza que las palabras que el buen Miguel me expresó durante el desayuno.

Transcurrió el día y ese canto era más y más intenso. Ya no lo podía soportar, me sentía ardiendo en fiebre y delirando con la música que en la noche anterior se había apropiado de mi ser. Pero yo no era el único azorado por aquella canción, mi caballo ni siquiera quería rechinar y me hubiera gustado saber qué pensaba él sobre la noche pasada y aquel acontecimiento.

Calló la noche nuevamente, asustado, casi pegado a la silla de montar del caballo, con el cuello del chaquetón hasta los ojos y el sombrero enterrado en mi cabeza y con las alas dobladas hacia abajo cubriendo mis orejas, tomé el mismo camino para llegar a mi casa. Esta noche tenía luna en cuarto menguante, estaba hermosa. Las estrellas cubrían el firmamento y desde acá se las miraba como luciérnagas diminutas que se adueñan del cielo para jugar toda la noche; mi caballo estaba caminando más rápido de lo normal, en su respirar se percibía el miedo que el equino tenía y las ganas de estar en casa lo más rápido posible. La música regresó, aquella vos volvió a retumbar en mi cabeza y así sucedió por cien noches más.

Aturdido por la situación, decidí a contarle a Miguel lo que me sucedía, sabía que él me escucharía, no se burlaría ni me diría loco. Atento, el muchacho, escuchaba mi historia sin pronunciar palabra, ni parpadear ni tragar saliva. De un momento a otro efusivo replicó: ¡Te quiero hacer compañía y escuchar esa canción!. El miedo me paralizó todo, no quería que mi único hermano sintiera todo el terror que perturbaba mi cabeza luego de escuchar aquella canción, pero su juventud y sus ganas de vivir al límite fueron superiores a mis palabras. El muchacho atravesó por aquel camino con su caballo, él también escucho aquella canción pero no le puso atención ni se dejó cautivar por la hermosa vos de su interprete. Miguel decidió desviar al caballo hacia el sitio del cuál provenía la música. Sigilosamente se aproximó, desmontó de su caballo, tomó un morral y se abalanzó sobre la criatura que tocaba y cantaba tan bella canción. La amarró a su caballo y a pesar de los grito que le suplicaban que la suelte, él la llevo hasta nuestra casa y me la entregó diciendo: -Hermano mío, aquí tienes tu tormento, has con él lo que mejor te parezca. –Yo no podía hacerle daño a tan melodiosa voz, así que la saqué del morral para ver qué o quién era. Resulta que era una hermosa dama, quien le cantaba a la luna para que le regale una parte del cielo.

Aquella canción era un rito que los humanos no podían escuchar, por eso era que perturbaba mi mente, pues aquel que la escuchaba durante trescientas noches debería entregarle a la luna todas sus riquezas.

La damita buscaba cariño, y se asustaba cada vez que alguien se aproximaba hasta el sitio donde estaba ya que no quería que la luna se adueñara de ellos. Esa noche, la damita se quedó en nuestra casa contando su historia y cuánto le faltaba para que la luna le hiciera el favor.
Nos dio la media noche escuchando a aquella dama y es el sueño se apoderó de todos nosotros. Esa noche la luna llamó a la niña y le dijo: -Oh niña mía! te agradezco por ser fiel a tu intención, tu favor ya se ha realizado y aquel joven que se atrevió a no escuchar tu canto y a raptarte se ha ganado tu corazón, ese cariño que buscabas ha sido encontrado. Será Miguel aquel que te brinde su cariño por el resto de tu vida- -la niña respondió: -Luna llena, luna hermosa, ¿cómo es que tú has logrado esto? ¿qué debo hacer para que Miguel se de cuenta de todo?- -la luna le dijo: -Mi niña, Miguel se enamoró de ti desde que fuiste sacada de ese morral. Él te conquistará y tu no podrás rechazarlo. –Y la luna se marchó, el nuevo día llegó, aquella niña, de nombre Lucero, me contó a mi lo que le había pasado la noche anterior y las ganas que tenía de ser correspondida por mi hermano Miguel.

Así ocurrió con el pasar de los meses, mi querido hermano se casó con Lucero y tuvieron una hermosa familia. Hoy en día viven al otro lado del mundo, demostrando que el amor existe y que muchas veces lo tenemos frente a nosotros y no lo queremos ver.
A ustedes, nietos míos les he contado esta historia que para mí es muy representativa, por que quiero que abran sus ojos al mundo y que nunca pasen por alto a la más insignificante criatura, ya que puede ser aquella que les brinde cariño por el resto de su existir. Ahora vallan a jugar y dejen que este viejo descanse unos minutos.




DESCRIPCIÓN DEL TEXTO: Este texto es una narración por que es un relato imaginario que ha sido escrito de manera concreta. Este es un tipo de narración literaria, ya que es ingenio de su autor (yo) para expresar a quien lo lee algo de suspenso y finalizar con una historia entretenida de romance. En el escrito se que logré obtener unidad y movimiento pues el inicio del mismo logra despertar curiosidad en los lectores, además no es una historia ni plana ni lineal.

Existen tres personajes primarios y tres secundarios. Los primarios son el narrador que está en primera persona, Miguel quien es el hermano del narrador y Lucero, que se casa con Miguel. Los secundarios son la luna y los dos caballos. El ambiente en que la historia trasciende es la noche y parte de la mañana, se cuenta en tiempo pasado. Su inicio describe parte de una historia como de terror, su nudo muestra la desesperación del narrador y el desenlace cuenta la historia de amor entre Miguel y Lucero.

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